Vuelta a la rutina.¿Depresión post-vacacional?. El tono con el que se diga marcará la diferencia.

Agosto, el mes preferido para las vacaciones, generan otro tipo de estrés, pero ese tema lo trataremos en otro momento. Las ansiadas vacaciones finalizan y toca reincorporarse al día a día. Vuelven los horarios, los madrugones, la coordinación y la organización entre vida laboral, social y familiar.

La vuelta a la rutina comienza.

Nuestros abuelos nos dicen que ahora «se vive muy deprisa, todos son carreras».

Retomamos los compromisos, las citas, y sorprendentemente nos encontramos con que lejos de haber retomado las fuerzas estamos agotados, todo se hace cuesta arriba. Cómo nos cuesta volver a adaptarse a esa rutina, las vacaciones parecen algo alejadas en el tiempo, no sirvieron para reponer las fuerzas, ¿qué pasó?, Esperar un año más para volver a cogerlas parece algo imposible.

Aunque según nuestros mayores, con el móvil a cuesta todo el rato no terminamos de desconectar.

¿Y qué hacemos?

¿Resignarnos?, ¿vivir la vuelta como si fuera una tortura? Bueno, es difícil asumir esa posición y sería por supuesto errónea, ya que nos induciría en una posible depresión que no existe a priori. Estamos simplemente ante un proceso de adaptación a la rutina. Si analizamos detenidamente podemos observar que es simplemente la inercia, la resistencia a un cambio de hábito, el esfuerzo de reiniciar una actividad cuando el ocio y la necesidad de desconectar era una prioridad.

Entonces ¿estamos ante un nuevo modelo de enfermedad, una que no atañe directamente a los mayores?

Hay quienes hablan de patología, síntomas, pero sólo cuando se mantienen en el tiempo y se hacen constantes durante un periodo mínimo de seis meses, podríamos hablar de enfermedad o patología y en ese caso probablemente habría otra causa subyacente que es la que la produce. Así que Pero a pesar de todo esto nos encontramos ante una desgana generalizada que afecta a nuestro modo de enfocar el día a día, y si nos quedamos en el lamento y la desgana generaremos un problema. Ante esta situación qué podemos hacer?

Hay quienes hablan de patología, síntomas, pero sólo cuando se mantienen en el tiempo y se hacen constantes durante un periodo mínimo de seis meses, podríamos hablar de enfermedad o patología y en ese caso probablemente habría otra causa subyacente que es la que la produce. Pero a pesar de todo esto nos encontramos ante una desgana generalizada que afecta a nuestro modo de enfocar el día a día, y si nos quedamos en el lamento y la desgana generaremos un problema.

Ante esta situación ¿qué podemos hacer?

Os facilitaremos diversas técnicas con objeto de que cada uno escoja la que considere más apta en función de sus propias intereses, por ejemplo madrugar aún más no es una opción viable en algunos desempeños laborales.

¿Qué opciones tenemos?, ¿cuál elegiremos?

Pero lo que sí nos vale para todos es el uso de la inteligencia emocional, hoy sólo esbozaremos algunas respuestas

Cómo afrontar los síntomas:

La rutina es algo que debemos retomar de forma gradual. A veces no es posible, pero ¿podemos disminuir la carga laboral los primeros días? Si la respuesta es no, al menos podemos “disculparnos” a nosotros mismos por no estar al 100% , al principio todo parece cuesta arriba. Pero nos habituaremos, démonos tiempo. Todo requiere un acercamiento paulatino.

La segunda ya la hemos nombrado, no te exijas el 100%, lo daremos, finalmente nos esforzaremos un 200% pero al principio no, es como una carrera, ¿empezamos corriendo a tope? No, hay que calentar los músculos

Esto es más difícil de llevar a cabo: recupera tus horarios de sueño. Sí cuando empezaste las vacaciones te levantabas a la hora de siempre, te costó coger el ritmo y recordar que no tenías que madrugar, ahora es al revés. Pero lo conseguirás, si puedes hazlo paulatinamente. Las cosas impuestas con brusquedad son más difíciles de sobrellevar.

¿Por qué romper totalmente con las vacaciones?. Retoma tus ocios a la misma vez que tu hábito laboral, ve al cine, sal a pasear. Trabajar no significa dejar de vivir.

Mira la parte positiva del empleo: retomar conversaciones con tus compañeros, vuelves a tus funciones donde eres eficaz, agradece la oportunidad de sentirte integrado y focaliza todo lo positivo que esto aporta a tu vida.

Focalizar los aspectos positivos es importante. Recuerda que eres tú quien dirige tus pensamientos, sólo quieres ver el lado negro de las cosas’

Estos síntomas son pasajeros, tómalo como un momento de cambio que se suele dar en cualquier adaptación.

Como siempre esperamos vuestros comentarios, opiniones, vuestros síntomas. os parece una enfermedad moderna o ¿un exceso de queja?

Y mientras nos escribís, os dejamos una cita:

”Quien tiene inteligencia emocional no se desanima ante el fracaso o la frustración, pues sabe modificar sus sentimientos razonando convenientemente para suscitar emociones incompatibles  con el desánimo, para generar emociones ligadas a los cambios de actitud, metas y objetivos que requiera cada situación”

Morgado 2007

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