La depresión en el mayor

Isabel Morales, Psicóloga en Geriatría

Cada vez más, el envejecimiento de la población hace que los problemas de salud mental en los ancianos adquieran una importancia de primera magnitud. Cada vez son más los casos diagnosticados de depresión en personas mayores y/o en personas dependientes. Cada vez se convierte  en un problema de salud y un motivo de frecuencia para visitar a nuestros médicos o especialistas… y ¿qué está pasando?

Tal y como es previsible, la esperanza de vida se mantiene y por tanto la  población anciana representaría un importante porcentaje de la población general, pero antes tenemos que profundizar un poco en qué consiste el envejecimiento.

Muchas son las definiciones y cada una de ellas tiene su parte de realidad pero está claro que es una etapa de la vida en la que su desarrollo sea satisfactorio o no depende de cada persona. Cada uno evolucionamos de manera diferente y está claro que asumir el paso de la edad adulta supone un importante avance dependiendo de nuestro estado general cuando llega ese momento. Alguno en situación de alguna dependencia, algunos con un envejecimiento prematuro, otros con una salud mental y física envidiable, otros con patologías puntuales propias de la edad….. está claro que en la diversidad está el envejecimiento y nuestra senectud.

Contar con una sentimiento de intimidad, paz y seguridad, mantenerse integrado en grupo con intereses y actividades comunes, mantener un estado de autoestima óptima, mantener un envejecimiento activo, disponer del entorno familiar que facilita el equilibrio de muchas de esas áreas,… son los aspectos ideales para evitar dichas situaciones de depresión, pero la consecución de un equilibrio se dificulta con el paso del tiempo y con el avance del envejecimiento.

Dentro de los trastornos en este grupo de edad, tal y como indican diversos estudios, la depresión constituye el diagnóstico más frecuente. Así, se calcula que entre el 10% y el 45% de la población mayor de 65 años tiene síntomas depresivos en algún momento. A partir de los 75 años, la demencia y la depresión constituyen los principales diagnósticos, con una prevalencia progresivamente mayor de la demencia en mayores de 75 años. Además de su importancia por la frecuencia de los cuadros depresivos, con el sufrimiento y disminución en la calidad de vida de los mayores y/o dependientes hay que considerar las tasas de suicidio consumado en ancianos son el doble que en el resto de la población, y una importante causa de mortalidad.

La manifestación de la depresión del anciano fluctúa y su evaluación en ocasiones ignora los síntomas mas característicos de la depresión geriátrica así como su variación. A pesar de ello un diagnóstico precoz es importante ya que se trata de una enfermedad potencialmente reversible aunque las variaciones de depresión sin tristeza u otros síntomas dificultan su correcta identificación y por ello los casos de depresión geriátricas son elevados con sintomatológicas como: llanto, tristeza, apatía,  desesperanza, negligencia, idea suicida, culpabilidad, cambio de energía, del apetito, del sueño, de la evacuación intestinal y de la líbido, etc.

En la depresión del anciano, los síntomas somáticos tales como la fatiga, el insomnio y la constipación son predominantes pero son síntomas con poca especificidad porque muchos adultos mayores, sin depresión, los pueden presentar; debido a este fenómeno, menos del 10% de los ancianos son diagnosticados como deprimidos en una revisión médica inicial.

Existen otros síntomas comunes como la magnificación en la percepción del dolor, los síntomas cardiovasculares o la pobre concentración. La ansiedad y la somatización son, sin embargo, los síntomas dominantes. Las visitas médicas repetidas sin motivos claros o la falta de objetividad en las patologías físicas son datos útiles para establecer la presencia de depresión.

Es importante conocer todos los medicamentos utilizados (prescritos o no) ya que algunos están asociados al desarrollo de la depresión. La tristeza es una respuesta normal en el anciano cuando tiene alguna pérdida; sin embargo, es importante considerar los criterios y particularidades antes citadas para establecer el diagnóstico de depresión mayor. Enfermedades psiquiátricas como el trastorno de ansiedad, el abuso de sustancias o los trastornos de personalidad son algunos de los diagnósticos diferenciales del síndrome depresivo. El trastorno bipolar es otra patología a descartar ya que puede cursar con depresión y, por lo tanto, es importante buscar episodios de manía, alucinaciones e ilusiones. Ante la presencia de fatiga o pérdida de peso deberá descartarse la diabetes mellitus, la enfermedad tiroidea, las neoplasias o la anemia. Los pacientes con enfermedad de Parkinson pueden debutar con algún trastorno del ánimo.

La depresión puede ser una experiencia cercana a la mayoría de los seres humanos y por tanto más cercana en el mayor y/o en situación de dependencia. La depresión mayor es una pandemia debida, entre otros, al aumento de la esperanza de vida  tal y como comentamos al inicio del articulo  y al desarrollo de enfermedades y de discapacidad. La tristeza es una respuesta normal cuando se pierde a un ser querido o un empleo que puede estar acompañada de pérdida de interés para algunas actividades, de alteraciones del sueño o de disminución del apetito. Sin embargo, esta respuesta es transitoria; sin embargo, si persiste por más de dos semanas, si sus manifestaciones clínicas se acentúan e interfieren con la actividades diarias, si aparecen ideas como que “la vida ya no vale la pena” o se pierde el placer de vivir, entonces hay que sospechar depresión mayor. La  depresión geriátrica representa una importante carga para el paciente, la familia y las instituciones que albergan ancianos.

El personal sanitario de atención primaria es clave en la evaluación del estado mental de las personas mayores, tanto desde el punto de vista afectivo como cognoscitivo. De esta manera, la detección precoz de la depresión, permitirá su diagnóstico temprano y su tratamiento oportuno con el propósito de revertir el cuadro e impedir la aparición de complicaciones graves. El tratamiento debe ser interdisciplinario y, cuando se opta por el uso de fármacos, se deben considerar los cambios fisiológicos asociados al proceso de envejecimiento para su correcta administración y no olvidemos fomentar un envejecimiento que palíe la aparición de esta  enfermedad. Vivan en comunidad y disfruten de todos lo que les proporciona… ¡¡¡Feliz envejecimiento!!!