Cuidados para cuidar, también, en verano

Jesús Muyor Rodríguez. Trabajador Social, Profesor del Centro Universitario de Trabajo Social de la Universidad de Almería

Los cuidados familiares a personas en situación de dependencia siguen siendo hoy en día tan importantes como olvidados. Importantes porque existen estudios que nos muestran que en torno al 90% de la atención a las personas en situación de dependencia en España se realiza a través del cuidado familiar/informal. Y olvidados porque a pesar de la actividad fundamental que realizan estos familiares, y los impactos sociales, económicos y sanitarios que producen, el cuidado a las/os cuidadoras/es familiares sigue siendo escaso.

En otras entradas de CUIDAL se ha tratado la “prevención del síndrome del cuidador”, hoy vamos a dar algunas pautas y consejos para el “autocuidado” en los meses estivales ya que en este periodo, aunque se pueda pensar lo contrario, existe un mayor riesgo de sufrir efectos negativos sobre la vida cotidiana, que se traducen en una gran carga física, emocional y social.

¿Cuáles son los principales problemas que suelen tener las/os cuidadoras/es familiares?

Los análisis de los estudios sobre los efectos de cuidar señalan repercusiones negativas sobre la salud física, repercusiones emocionales, sociales y familiares. De ellos destacamos:

  • Problemas físicos: dolores de cabeza continuos, cansancio crónico, problemas osteomusculares y una reducción o abandono del ejercicio físico que realizaban. Incluso, ocasionalmente, experimentan ahogos, fracturas y esguinces, llegando, las cuidadoras mayores de 65 años que atienden a un esposo dependiente y que se sienten sobrecargados, a tener un riesgo de mortalidad 63% mayor que quienes conviven con un esposo no dependiente,
  • Consecuencias psicológicas y emocionales: altos niveles de depresión, ansiedad e ira.  Incluso los porcentajes de trastornos clínicos del estado de ánimo son especialmente frecuentes, no obstante muchas/os cuidadoras/es presentan problemas emocionales sin llegar a cumplir criterios diagnósticos como trastornos del sueño, sentimientos de desesperanza, culpa y/o preocupación excesiva por el futuro.
  • Repercusiones familiares y sociales: Es frecuente el desacuerdo continuo de la persona cuidada y el cuidador familiar ocasionando problemas de convivencia no solo con la persona en situación de dependencia sino con otros miembros de la familia. Estos conflictos familiares están relacionados, principalmente, con la manera de entender la dependencia  y/o la enfermedad, las formas de cuidar que se emplean para atender al familiar dependiente y las intensidades (tiempo) de cuidado y reparto de tareas. No debemos olvidar que cuidar suele desencadenar antiguos conflictos y/o crear otros nuevos. Por esto, las relaciones conyugales se ven afectadas en un 70% de los casos y las relaciones con los hijos en un 50% de las ocasiones. Además, las/os cuidadoras/es familiares se aíslan de la red social, centran toda su vida exclusivamente para el familiar al que cuidan, provocando problemas nuevos e intensificando los que anteriormente hemos nombrado.

En verano tengo vacaciones y más tiempo libre, ¿estos problemas desaparecen?

Lamentablemente no es una cuestión de tiempo libre. Hay muchos factores a considerar para minimizar los impactos negativos del cuidado familiar. Es más, al no tener otra actividad programada, como puede ser una jornada laboral, pueden agravarse los problemas de los/as cuidadores/as familiares ya que tendemos a centrar toda la atención y tiempo solamente en la persona cuidada. De esta forma el riesgo puede aumentar, más si cabe en periodo de vacaciones, puesto que es un tiempo que está destinado al ocio, recreación y descanso. Por esto, tenemos que tener muy claro que si dedicamos estos meses para la atención directa a nuestro familiar, a corto plazo, pueden generarse conflictos e incluso producirse problemas físicos. A largo plazo, si la atención es continuada, también será necesario cuidados para mantener su propia salud.

¿Los cuidados a familiares en situación de dependencia no aportan efectos positivos?

Sí. Sería un error pensar lo contario. No obstante, es una tarea difícil definir los aspectos positivos de la cuidadora o la satisfacción con el cuidado. Falta una delimitación precisa de estos valores, pero se puede decir que los aspectos positivos del cuidado son algo más que la ausencia de malestar, y representan las ganancias subjetivas percibidas, el crecimiento personal experimentado, que se encuentran por el hecho de ser cuidador. Podemos afirmar que, las/os cuidadoras/es sienten satisfacción, en alguno casos, por ayudar a sus familiares; el hecho de ayudar les hace sentirse útiles, y más vinculadas con el familiar y puede incrementar la autoestima si se comparten nuevas experiencias positivas para ambos -cuidadora y dependiente-. Pero como se ha alertado antes, los riesgos son mayores. Y, además, el cuidado debería ser voluntario, es decir, separado de esa cierta norma familiar/social que exige la atención de los miembros dependientes de la familia por la familia, que deriva a su vez en un desconocimiento de los servicios formales de cuidados (Ayuda a domicilio, Centros de Día…) y/o una desconfianza en ellos que conlleva cierta estigmatización.

¿Cómo puedo darme cuenta que necesito ayuda?

Es importante saber reconocer algunos de los síntomas que nos pueden estar indicando que necesitamos ayuda:

  • Problemas físicos: palpitaciones, temblor de manos, molestias digestivas, dolores articulares.
  • Alteraciones de sueño.
  • Perdida de energía, apatía, fatiga.
  • Irritabilidad. Conflictos familiares relacionados con el cuidado.
  • Problemas de concentración y memoria.
  • Aislamiento.

¿Dónde puedo acudir si necesito ayuda?

Los servicios públicos de Salud y/o Servicios Sociales te proporcionarán las orientaciones para comenzar a solventar la situación. Además, entidades sociales, como FAAM y CUIDAL prestan apoyo a los/as cuidadores/as y servicios especializados para atender las necesidades de las personas en situación de dependencia.

¿Qué puedo hacer para autocuidarme?

Como decíamos al principio, en la entrada “Síndrome del cuidador, ¿cómo prevenirlo?” se daban algunos consejos. Pero lo principal es que se deje ayudar:

  • Déjese ayudar: tome conciencia de sus propios sentimientos y expréselos. No espere a que la gente que le rodea (familiares, amigos, compañeros) se den cuentan o “adivinen” lo que necesita. Pedir ayuda no es síntoma de debilidad o fracaso, todo lo contrario. Es una excelente forma de mejorar la atención de su familiar y su propio cuidado. Por todo ello, recurra a servicios, instituciones y organizaciones que puedan orientarle de manera profesional para mejorar la calidad de vida de su familiar en situación de dependencia y la suya propia.

Esté orgulloso del cuidado que está realizando pero no descuide su propio autocuidado. A veces, sólo nos damos cuanta de las consecuencias cuando son demasiado graves.