La alimentación en verano

Roberto Soladana, Tecnólogo de los alimentos

Nuestro comportamiento respecto a la alimentación en verano se modifica respecto a nuestra rutina diaria. En esta época del año llevamos una vida más relajada, y esta relajación es la que hace que a veces descuidemos nuestra alimentación.

En verano llevamos un horario desordenado y comemos en exceso como parte de las actividades propias de la época estival. Nos acostamos más tarde, por lo que también nos levantamos más tarde y la gente no desayuna. Como norma general, se consume más alcohol y llevamos una alimentación caprichosa y descuidada.

Sin embargo, comer en verano no debe suponer que perdamos nuestros buenos hábitos alimentarios, sino que debemos adquirir unas costumbres que favorezcan una dieta sana, variada y equilibrada.

El desayuno, al  igual que en cualquier estación del año sigue siendo primordial.

Es importante ingerir alimentos nada más levantarnos para activar nuestro metabolismo y conseguir empezar el día con energía, sin olvidarnos de tener en cuenta que el desayuno debe ser  lo más sano y saludable posible, incluyendo en él la fibra, cereales, lácteos y fruta, que nos proporcionarán  los nutrientes necesarios para afrontar el día.

En verano nuestro cuerpo nos pide alimentos frescos como frutas, verduras y hortalizas. Estos requerimientos son muy saludables, pero deben acompañarse de otro tipo de alimentos, pues no debemos descuidar nuestro aporte equitativo de nutrientes, es decir, es importante que mantengamos el equilibrio recomendado en la ingesta de macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y lípidos).

El calor del verano hace que aumente la transpiración de nuestro cuerpo por lo que perderemos más cantidad de minerales, los cuales debemos reponer con la ingesta de líquido. Para ello un buen aliado puede ser la fruta, que podemos comer de distintas formas: entera, en zumos, batidos, helados, etc. Además, las verduras ayudan, y las podemos ingerir en forma de gazpacho o ensalada, platos fáciles y rápidos de preparar para una época en la que apenas nos apetece cocinar.

En verano el mejor refresco sin lugar a duda va a ser el agua, que debemos ingerir de forma abundante. Es mejor dejar de lado los refrescos, ya que éstos en realidad no nos refrescan y encima tienen un alto aporte calórico.

Hay que recordar que, con la edad, se va perdiendo la sensación de sed, por lo que es muy importante que las personas mayores se hidraten correctamente aunque no tengan sed.

Otra buena forma de refrescarnos es mediante los helados, que es el producto estrella del verano. Actualmente podemos encontrarlos de todo tipo, aunque los más aconsejables son los sorbetes de frutas, que contienen grandes dosis de agua y todos los beneficios de la fruta, con muy poco aporte calórico.

También sabemos que el verano es tiempo de playa, piscinas y excursiones en las que solemos comer un bocadillo. Éste no tiene por qué  no ser saludable. Podemos prepararnos un bocadillo con pan normal o integral, que nos aportará más fibra, y combinarlo con pavo, atún, pollo (que nos aportará  proteínas) y vegetales como la lechuga o el tomate, que serán una gran fuente de vitaminas.

A partir de ahora el verano no es excusa para descuidar nuestra dieta, pues podemos disfrutar igualmente del buen tiempo alimentándonos de una forma sana, variada y equilibrada.