Soledad y autoestima en la tercera edad

Tratamiento a paciente de la tercera edad

José Ortega, psicólogo

Sentirse solo, que no estarlo, puede suponer en la tercera edad o vejez una experiencia con efectos significativamente negativos tanto a nivel físico como emocional. En este sentido, mientras que en algunos casos la falta de compañía, soledad objetiva, puede no suponer para el mayor una situación aversiva o desagradable en sí, experimentar el sentimiento de soledad, subjetivo en este otro, puede desembocar en alteraciones físicas como hipertensión arterial, debilidad del sistema inmunológico, dolor de cabeza, problemas cardiacos y digestivos y dificultades para dormir, etc., y en depresión, ansiedad, alcoholismo o ideas suicidas en el plano psicológico.

Dada la facilidad o el carácter inevitable de su presencia en la etapa de la vida que supone la vejez (y sus efectos), el estudio e interés hacia el sentimiento de soledad en personas mayores (de 65 años) ha crecido tanto a nivel cualitativo como cuantitativo desde los ámbitos más divulgativos hasta los más científicos o empíricos en las últimas décadas. Todo el conocimiento acumulado ha permitido conocer tanto las causas y consecuencias como, sobre todo, las estrategias y medios de cara a prevenir, detectar y tratar este sentimiento en el momento vital que supone la vejez. De esta forma, junto a la pérdida progresiva y significativa de la mayoría de referentes familiares y sociales y la vulnerabilidad física y psicológica, también se ha evidenciado una relación bidireccional entre dicho estado psicológico y la valoración que las personas mayores hacen o poseen de ellas mismas, es decir, su autoestima. Así, la soledad subjetiva que sufre el mayor justificaría la falta de estima y reconocimiento propio que, a su vez, incrementaría ese sentimiento de soledad o aislamiento que se experimenta. El carácter “especial” de la relación entre ambos factores, va más allá del campo puramente teórico o empírico, al permitir el planteamiento y valoración de estrategias y/o recursos a través de los cuales conseguir una autoestima positiva y, por ende, una reducción del sentimiento de aislamiento o soledad, al incrementarse el protagonismo del mayor tanto en el seno familiar como a nivel social.

Algunas de las estrategias fundamentales o consideraciones básicas para conseguir incrementar la autoestima y eliminar la soledad subjetiva serían las siguientes:

  • Promover la autonomía y capacidades (aceptando las limitaciones): hacerse mayor no tiene porqué ser sinónimo de “no-utilidad” o total dependencia. Desde una perspectiva realista y ajustada a las capacidades del mayor es básico potenciar el mantenimiento de responsabilidades y obligaciones, llegando incluso a incorporar o fomentar otras (voluntariado, por ejemplo) que pueden repercutir positivamente en el estima y la autovaloración del mayor.
  • Respetar los valores y creencias de la persona mayor: no se debe despreciar o minusvalorar las opiniones y actitudes manifestadas en la vejez. Todos somos producto de nuestra historia y necesitamos (y en la vejez más) poder opinar y expresarnos en base a nuestras creencias y valores con el fin de mantener el significado auténtico de nuestra propia existencia.
  • Fomentar un envejecimiento activo: Tanto a nivel físico, cognitivo como social se debe propiciar un incremento de la actividad de la persona mayor, bien promoviendo actividades tan básicas como pasear o conversar, realizando cualquier actividad con carga cognitiva (pasatiempos, por ejemplo) o potenciando relaciones sociales que enriquezcan su autoestima y empobrezca el sentimiento de soledad.