La salud psicológica en gran dependientes

Mercedes Rueda, Psicóloga

A lo largo de nuestra vida pueden producirse situaciones de diferente índole, tanto evolutivas, accidentales, sobrevenidas e inesperadas que pueden modificar de forma significativa nuestra rutina diaria, y conducirnos de manera inesperada  a una situación de dependencia que en la mayoría de los casos va a suponer un importante pulso contra el equilibrio emocional de la persona.

Podemos entender el término salud psicológica como aquella condición personal, que incorpora capacidad y energía de responder funcionalmente a las diversas etapas y situaciones de la vida cotidiana, de adaptación a los cambios y afrontamiento de situaciones críticas.

Sin poner en duda el valor de los factores sociales en el restablecimiento inicial y mantenimiento posterior de una adecuada salud psicológica de las personas que se encuentran en situación de dependencia, me gustaría destacar otros aspectos de carácter más personal que van a orientar la respuesta conductual de la persona hacia el éxito.

La situación que conduce a una persona a ser valorado como gran dependiente no es fácil de afrontar desde un primer momento. Es humano, que este proceso de asimilación y afrontamiento se acompañe de niveles altos de ansiedad junto con un desequilibrio a nivel emocional considerable. Tal y como indicaba en párrafos anteriores el apoyo del entorno es clave, pero es  la persona que se encuentra en situación de dependencia la que debe incorporar en su repertorio conductual determinadas capacidades y habilidades  que le ayuden a ver la situación con perspectiva, sobreponiéndose a las circunstancias, y  que le conduzcan a lograr, ante todo, una adaptación óptima en pro de su salud.

La resiliencia, como capacidad del ser humano, se configura como una herramienta poderosa para afrontar de forma adaptativa la nueva realidad. Potenciar la capacidad de resiliencia en el gran dependiente, no es sinónimo de alejarlo del dolor, pero sí de dotarlo de un repertorio de conductual funcional,  que van a facilitarle la aceptación de la nueva realidad, ver la vida con sentido y una motivación constante de mejora.

Instaurar en la persona la capacidad de resiliencia es sinónimo de incorporar habilidades como autocontrol, empatía, control emocional, autoestima, etc., que le conduzcan hacia un optimismo  realista.