La convivencia con el Alzheimer: un reto compartido

Jesús Muyor Rodríguez. Trabajador Social, Profesor del Centro Universitario de Trabajo Social de la Universidad de Almería

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa cuyos síntomas y repercusiones lo convierten en un gran problema socio-sanitario. Esta enfermedad es la forma más común de demencia y, a día de hoy, es irreversible y progresiva. A medida que el Alzheimer avanza se van atrofiando diferentes áreas del cerebro que causan la pérdida de la memoria inmediata y otras capacidades mentales. Por lo que gradualmente la persona va perdiendo habilidades, destrezas y capacidades para poder desenvolverse de manera autónoma en el día a día. No obstante, se ha avanzado mucho en los tratamientos ante esta enfermedad que, aunque no se ha llegado a alcanzar la curación, retrasan los efectos negativos del Alzheimer y aumentan la autonomía de la persona, su bienestar y la calidad de vida tanto de ellos como de sus familiares.

¿Cómo se puede reconocer el Alzheimer?

Tener un diagnóstico es vital para el éxito del tratamiento (tanto farmacológico como no farmacológico). Por ello, ante los primeros indicios tenemos que reconocer, lo antes posible, si se trata de esta enfermedad u otro tipo de demencias. Algunos de los primeros síntomas que suelen aparecer son la incapacidad de adquirir nuevas memorias (esto suele confundirse con actitudes relacionadas con la vejez e incluso con el estrés). Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, aparecen otros síntomas como la confusión mental, la irritabilidad, los cambios de humor, ciertos trastornos del lenguaje, pérdida de la memoria de largo plazo y una predisposición a aislarse que va haciéndose más y más evidente conforme la enfermedad va avanzando.

Por todo ello, lo principal cuando aparezca cualquier síntoma, o se tenga algún indicio, es acudir al especialista para una evaluación y diagnóstico profesional.

¿Qué hacer ante el diagnóstico de Alzheimer?

Sin duda es una de las noticias más impactantes que se pueden recibir a lo largo de la vida. A partir de ese momento es normal que se sienta confusión, angustia, miedo o frustración, pues una noticia así es difícil de asimilar y puede llegar a eclipsar a la persona. Aquí es imprescindible darse tiempo para que tanto el individuo como la familia puedan interiorizar el diagnóstico de manera sosegada. Lo que sí es necesario es evitar que la enfermedad se convierta en el centro absoluto de la vida de la persona y de sus familiares. Por supuesto que a partir del Alzheimer las rutinas de vida pueden verse alteradas pero eso no debe convertirse en una obsesión con un sentido claramente dramático. El Alzheimer es un reto compartido que debe ser combatido diariamente pero la clave se encuentra en convivir con el Alzheimer de la manera más normal posible.

¿Cómo convivir con el Alzheimer?

La información y la formación son cruciales. Debemos conocer cómo puede verse alterada la vida de nuestro familiar y la nuestra propia. Para eso tenemos que conocer la enfermedad y cómo impacta en todas las áreas de la vida. Intentar anteponerse a los acontecimientos nos puede permitir ralentizar los efectos de la enfermedad. Para ello es imprescindible la ayuda profesional. Los especialistas socio-sanitarios nos guiarán en todas las etapas de convivencia con la enfermedad y mejorarán la calidad de vida de la persona con Alzheimer y la de sus familiares.

¿Qué recursos hay disponibles para las personas con Alzheimer y sus familiares?

El primer recurso es uno/a mismo/a. Si la enfermedad de Alzheimer ha llegado a su vida debe intentar convivir con ella de la mejor manera posible. Su personalidad, el carácter, sus rutinas, hábitos…todo influye en el recorrido de cada una de las fases de esta enfermedad.

De cualquier manera recuerde que no está solo: los familiares, amigos, compañeros, vecinos…El entorno natural más próximo es un activo para afrontar la enfermedad. También debe contar con Asociaciones y grupos de ayuda mutua constituidas por personas y familiares afectados por este problema que, además de desempeñar la función de dar información y apoyo emocional, también cumple otras funciones como la reivindicación y la búsqueda de mejoras en las políticas públicas.

De igual manera la red de apoyo la conforman el sistema público de Salud y de Servicios Sociales, que se convierten en el recurso más valioso. En esta red podemos enmarcar algunas asociaciones y organizaciones sin ánimo de lucro que realizan actividades profesionales de prevención y atención a personas con Alzheimer. A través de los diferentes servicios y recursos, como Centros de Día o Ayuda a domicilio, cuentan con programas específicos que de manera integral cubren las necesidades de las personas con Alzheimer y sus familiares.

Por todo ello, la convivencia con el Alzheimer es un reto compartido donde cada día es el día más importante.