Asociacionismo y personas mayores

Mª Jesús Mata, Responsable Institucional FAAM

Actualmente la vejez se ha convertido en un problema. Sin embargo, la vejez en su sentido más amplio, es un logro conseguido a lo largo de los años de nuestra vida.

Yo diría un gran logro, puesto que vivimos un escenario social cambiante, en el que el anciano/a está casi marginado/a, a pesar del cariño mostrado por sus seres queridos y familiares directos, también podemos decir que lamentablemente, se encuentra casi aislado/a en el aspecto creativo  y en  su  desarrollo personal diario.

Todo ello, para los ancianos/as, es origen de ansiedades, inquietudes, nerviosismo, preocupaciones, pero sobre todo de empobrecimiento de su agilidad mental, cuando en sus años de juventud, han sido auténticas fuentes de sabiduría, conocimiento y sapiencia hacia los demás.

Sagaces en la lucha cotidiana, relacionan las cosas para vincularlas a las experiencias vividas, que proyectan en la imaginación, y numerosas veces les desconciertan perturban  y  trastornan  sus ideas.

A todo este maremágnum se les une la tristeza, la enfermedad, el cansancio, la desolación,  y acaban abandonando porque no son capaces de asociar las llamadas que, en momentos precisos y puntuales,  les hace el corazón y que su cerebro lamentablemente  no puede responder.

Y es precisamente en este colectivo de personas mayores donde  hay que impulsar la intervención. Propagar la cultura del asociacionismo y aprovechar las ayudas y los elementos disponibles, como una forma más de lograr el bienestar social en todos los aspectos.

Igualmente hay que hacerle participe en la sociedad y en el ejercicio social, mejorando su integración en el ámbito personal y comunitario, mejorando su calidad de vida y apostando por todas las destrezas posibles de aprendizaje, aprovechando sus conocimientos y ocupando su tiempo libre.

Se habla de la creciente esperanza de vida como de un resultado del progreso, y resulta que nos encontramos con una sociedad, (en la que apenas hay niños y niñas), envejecida, en el peor sentido de la palabra, y desesperanzada.

Es bueno, muy bueno, y es el elemento clave de dinámica social la práctica participativa inclusiva, que tiene repercusiones en todos los estratos en la vida activa del anciano/a.

Fue el filósofo Aristóteles (científico de la Antigua Grecia, cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios), quien señaló que cuando tratamos de buscar una impresión conservada en la memoria, se facilita esta búsqueda, si conseguimos acordarnos de otras que tengan relaciones de similitud, analogía, oposición y/o proximidad temporal y espacial, con las que buscamos, y puesto que nuestros primeros encuentros con las cosas tienen lugar a través de los sentidos, los asociacionistas sostienen que toda la complejidad de la vida mental, puede reducirse a las impresiones sensoriales, es decir, a los componentes elementales de la conciencia en su vinculación con la experiencia.

Publio Terencio Africano, más conocido como Terencio, y después, Séneca, Cicerón y tantos otros filósofos, políticos, oradores y escritores romanos, habían recordado melancólicamente: “senectusipsaestmorbus”, la  «vejez misma»  es  una  «enfermedad».

Tal vez nuestra comprensión, compromiso y generosidad sea la medicina que necesitan  los/as ancianos/as,  para lograr una vida plena en compañía de sus familiares y seres queridos.