Nunca es tarde para aprender

Lola Caparrós, Psicóloga

El envejecimiento de la población es uno de los mayores triunfos de la humanidad y también uno de nuestros mayores desafíos. Al entrar en el Siglo XXI el envejecimiento a escala mundial impondrá mayores exigencias económicas y sociales a todos los países. Al mismo tiempo, las personas de edad avanzada ofrecen valiosos recursos, a menudo ignorados, que realizan una importante contribución a la estructura de nuestras sociedades.

Es cierto que la vejez está asociada a una mayor probabilidad de enfermar, menor actividad, menor implicación social… todo ello no debe ser atribuido solo a la edad sino que, en parte, se debe a prejuicios e imágenes erróneas sobre el envejecimiento y la vejez que no son más que generalizaciones negativas o estereotipos heredados.

La vejez ha de ser concebida como una etapa más de nuestro desarrollo personal, que puede vivirse con plenitud y de manera activa.

Mantener la capacidad funcional en ausencia de enfermedades y una vida social activa rica en relaciones interpersonales son los elementos que definen al envejecimiento saludable o exitoso. Los factores clave para un envejecimiento satisfactorio son la habilidad para mantener una buena función física y mental, la actitud de compromiso con la vida y la ausencia de enfermedad y discapacidad relacionada con ésta, junto a seguridad económica y control personal (independencia, dignidad, autoestima y apoyo social).

El concepto de envejecimiento saludable va unido a otros conceptos como calidad de vida, y también al establecimiento de nuevos retos en la tercera edad, donde la persona mayor pasa a disponer de más tiempo libre y de ocio.

De este concepto surgen diversos programas de prevención y mantenimiento de una “vejez saludable”. Los centros de día, las asociaciones de mayores,  los programas de termalismo social, al igual que  otros programas de mejora de la memoria y de establecimiento de nuevas relaciones sociales, van a formar parte del proceso de jubilación, estimulando de esta forma las diferentes capacidades funcionales, mentales y sociales que tan importantes son en el proceso de envejecimiento.

Talleres de mejora y mantenimiento de la  memoria, viajes del Imserso, actividades de ocio, talleres de gerontogimnasia y diversas actividades estimulativas son los recursos que actualmente se recomiendan desde el punto de vista de los diferentes profesionales (psicólogos, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales…), para una mejora de la calidad de vida en la tercera edad.

La vejez es una etapa de la vida en la que la persona mayor dispondrá de tiempo para aprender todas aquellas actividades que no había podido realizar en una época de su vida en la que dedicaba su tiempo a la crianza de los hijos y a la vida laboral.

Los centros de día y  las asociaciones de mayores son los ámbitos en los que las personas de la tercera edad pueden realizar esas actividades estimulativas y de aprendizaje y  experimentar nuevas relaciones sociales.